5 destinos y 20 escapadas playeras
La vorágine turística aún no llega a estos paraísos que pronto serán los favoritos de los visitantes
Mazatlán era la zona de recreo de la aristocracia alemana, francesa y mexicana. (ESPECIAL)
A finales del siglo XIX, el pueblo de Mazatlán -” la perla del Pacífico”- era la zona de recreo de la aristocracia alemana, francesa y mexicana, quienes solían quedarse un tiempo en el centro histórico, conocido también como el “Viejo Mazatlán”. Su reputación como el lugar de moda para la elite perduró hasta principios del siglo XX; sin embargo, en los años sesenta, la ciudad se convirtió en un popular puerto para cruceros. En poco tiempo empezaron a aparecer plazas comerciales estilo California y restaurantes Señor Frog’s a lo largo de toda la Zona Dorada, un trecho de 20 kilómetros de playa a 15 minutos del pueblo viejo. Ahora las mansiones neoclásicas que habían sido abandonadas, están siendo restauradas.
Los detalles
Hay un renacimiento en las 115 hectáreas que componen el centro histórico: se están abriendo cafés elegantes, boutiques y hoteles en casi cada esquina. Uno de los responsables de esto fue Alfredo Gómez Rubio, quien puso en marcha la revitalización en 1997 con Pedro y Lola (Avdas. Constitución y Carnaval; 669/982-2589; cena para dos, 40 dólares), un restaurante de nueva cocina mexicana bautizado así en honor al actor Pedro Infante y la cantante ranchera Lola Beltrán. Está ubicado en un edificio neoclásico de 130 años de antigüedad que antes fue un club social en el que se llevaban a cabo bailes prominentes en el siglo XIX, y sirve platillos regionales como el molcajete (con pedazos de arrachera, nopales, cebollitas y queso panela asado) en un comedor decorado con vigas de madera.
Poco después, el artista Miguel Ruiz y su esposa belga, Helene van der Heiden, abrieron Casa Etnika (50 Calle Sixto Osuna; 669/136-0139; casaetnika.com.mx), una galería de arte y tienda de artesanías. Adentro puedes ver collares michoacanos de plata colgados junto a coloridos cuadros de artistas locales. Le siguieron otras galerías, así como una renovación completa del cercano Ángela Peralta (1024 Avda. Constitución; 669/982-4446; teatroangelaperalta.com), un teatro con estilo renacentista italiano y capacidad para 841 personas, construido en 1874; su lobby es al aire libre y tiene balcones de tres niveles. Gracias a estas innovaciones, Mazatlán volvió a aparecer en el mapa cultural de México.
En 2007, Conchita Valades de Boccard creó Casa Lucila (16 Calle Olas Altas; 669/982-1100; casalucila.com; dobles desde 185 dólares), el primer hotel boutique junto al mar en el Viejo Mazatlán, construido en el mismo lugar en el que había un club nocturno en los años cuarenta al que iban John Wayne y Ernest Hemingway. Con vista a la playa Olas Altas, las ocho habitaciones contemporáneas están equipadas con puertas de caoba hechas a la medida, pisos de azulejos italianos y muebles de madera local. A la vuelta de la esquina, Melville Suites (99 Avda. Constitución; 669/982-8474; themelville.com; dobles desde 78 dólares) es más tradicional: es un ex convento del siglo XIX, transformado en 20 grandes suites repletas de armarios tallados a mano y antigüedades mexicanas.
Jaime Flores fue el gerente del histórico Broker Restaurant en Denver por 10 años, antes de regresar a casa en enero para ayudar a abrir El Santo y La Panga (1505 Niños Héroes; 669/985-4124; cena para dos, 78 dólares), la más reciente innovación del centro histórico. Cada noche, esta pequeña marisquería se atiborra de gente de la zona, quienes entran a comer tostadas de atún con mayonesa de chipotle y aguacate. “Mazatlán dio un giro de lo que era hace 40 años”, dice Flores. “Es un momento emocionante para estar aquí”.
SIGUIENTE: PACÍFICO SUR / Islas Marquesas
|
|






