Costa Brava, 'la perla' del Mediterráneo
Un paisaje agreste de rocas y zonas boscosas… y en su centro, la playa: una joya de la naturaleza.
Publicado: Miércoles, 31 de diciembre de 1969 a las
La diversidad de colores anima la ciudad. (Foto: Guidinni Cortina)
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Subo una calle larga, que dobla la perspectiva como en un cuadro cubista para ir hacia una de las iglesias más retratadas en la pintura de principios de siglo pasado. Ni Picasso resistió la tentación de sentarse varias horas frente a la iglesia de Santa María, construida en el siglo XVI. El retablo de la Madre de la Esperanza es, por decir lo menos, una curiosidad. La Madonna representa una virgen embarazada (de ahí la esperanza, supongo) y está coronada junto a unos simpáticos angelitos de los que, recuerda Dalí en uno de sus libros, solían pender langostas vivas ofrendadas por los pescadores locales en los años treinta.
Tengo cita en el museo Dalí, pero aún me queda mucho por recorrer. Regresaré a este mismo sitio antes de que se prendan las luces de la plaza central. Por ahora camino hacia Portlligat, donde me salen al paso algunas construcciones modernas –diseñadas para dar gusto al turista poco romántico–, pero el pasaje central es una antiquísima casa de pescadores que Salvador Dalí compró cuando todavía era de una sola planta (casi de un solo cuarto) para luego añadir “módulos” conforme el surrealismo le iba dando de comer. Fue su única casa estable, en donde vivió y trabajó de 1930 a 1982, cuando murió Gala, y a donde no quiso regresar, fijando luego su residencia en el Castillo de Púbol hasta su muerte en 1989.
SIGUIENTE: En la intimidad con Dalí
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