Londres de noche, diversión sin límite |
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Aquí no hay canas ni clases sociales
Londres no es una ciudad, es una joven melómana que seduce incautos por las noches.
Cierra los ojos y escucha sus ritmos que no discriminan por edad, sexo o color: rock, jazz, salsa, merengue, punk, funk, electro y cool indie; rap, hip hop y blues, incluso.
Nada ni nadie se queda fuera de Londres: provocadora, diversa, nos invita a seguir la ruta de su música interna (como una ciudad de Hamelin).
Llegué a esta ciudad con una consigna que pensé que podría cumplir: “Reporta la dinámica de la noche, pero acuérdate de nuestro público lector: cierto rango de edad, cierto gusto”. Imposible. En Londres no existe tal cosa.
La gente no se divierte de acuerdo a las canas y arrugas que les ha dado la vida. Tampoco de acuerdo a su línea de crédito. No hay un momento para “sentar cabeza y dejar de usar cierto tipo de ropa” o tratar de borrarse los tatuajes.
¿Cierto rango de edad? Buena pregunta (y arriesgada también) si se la formula a esos punks originales que, con un mohawk verde y sesenta años cumplidos, siguen bebiendo tres pintas de cerveza diaria, yendo a conciertos en los clubes trendy y rockeando junto a punkcitos de 20 años para luego irse a atender su negocio en la calle Portobello, la calle central de uno de los barrios más chic de Londres, Notting Hill, donde venden antigüedades y filman películas.
El viejo adagio “caras vemos… carteras no sabemos” es de especial digresión en esta ciudad. ¿Cierto rango… de qué? Me pregunta mi guía/lazarillo/amigo Ernesto, quien vive ahí desde hace un par de años y trata de que sea yo, con mis propios ojos y mi propia cerveza en mano, quien empiece a entender: Londres es el imán multicultural más espectacular de Occidente y no juega las reglas del resto del mundo.
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